lunes, 7 de mayo de 2012

Water.

A parte de agua y ropa mojada ¿Qué tienen los días de lluvia? ¿Qué magia llevan en ellos?
Es un misterio.
Siempre imaginé que eran los fragmentos de todas las tormentas de verano que hemos vivido en nuestra vida, de días en los que la piscina era el lugar más caliente de la tierra y salir fuera equivalía a congelación. Imaginé que estaban echos de todas aquellas veces que corrí por la pista de la cancha calándome entera en el frío de noviembre o justo cuando estaba caliente en casa mientras escuchaba el repicar de las gotas sobre el cristal

¿Qué tienen los días de lluvia? ¿Qué los hace tan especial?

¿Será la blancura que adquiere el suelo contra el gris del cielo? 
¿Será ese olor a tierra mojada? ¿El barro en las pisadas? ¿El sabor amargo de las colillas que llena con fragancia papeleras y aceras? ¿Será el calor humano que invita a que nos acerquemos los unos a los otros? ¿Los cafés con leche y la sacarina azulada? 
                                                                  
                                  No lo sé.


Por cada copo de nieve derretido en el pelo.
Por cada carrera en el recreo bajo la carpeta hasta el porche.
Por cada instante que has cantado bajo el agua.
Por cada charco pisado con las botas katiuskas cuando eras pequeño.

Una gota  mágica de un día nubloso y de lluvia ha quedado impregnada en tu cuerpo.


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