jueves, 22 de diciembre de 2011

Crack

El reloj marcaba las seis y media. El olor embriagador surcaba el aire sintiéndose el rey de la estancia , pero yo me encontraba en el infierno , un infierno muy real. Al igual que yo , una docena de hombres yacían a mi alrededor en esa pequeña estancia. El lugar esta enmoquetado con una alfombra roja de tela áspera y las paredes tenían un papel muy extraño , rojo oscuro con un estampado de figuras sin definir. Todos los recuerdos se encuentra de forma nítida hasta que nos dejamos caer en los pequeños círculos de evasión.
Acababa de volver un poco en mí mismo. La aguja se me había despegado y el celofán que la mantenía pegada a mí se había desprendido. Comencé a sentirme impaciente, pues olía el perfume pero no podía sentirlo correr dentro de mis venas... Me sentí tentado a llamar al dependiente para que me colocara la aguja de nuevo , pero mi voz estaba seca debido al alcohol y el tabaco. No podía hacer otra cosa más que esperar a que el dependiente viniera de un rato a otro , cuando vi brillar algo a unos pasos de mi.
Mi salvación.
Era ella.
Ella:De un perfecto color transparente , que me permitía verle el alma tan nitimdamente que parecía sobrehumana. Le veía todo. Volar , ascendender , desprenderse de su alma. Me había rescatado tantas veces de ese estado de desesperación que teníamos una relación profunda. Siempre me mecía con su olor y me podía meter dentro de ella , hasta lo más profunda hasta que la quedaba vacía...
Era ella, mi Pipa de Crack. La única que me daba todo y me acogía cuando el opio se resignaba a seguir conmigo. Acerqué mi brazo para cojer el paquete de cerillas más próximas y acerqué mis labios a su boca , aspirando profundamente y saboreando su aliento.


Y así sin más me dejar llevar mientras mi alma se escapaba , calada a calada con el humo vaporoso que se deslizaba entre mis labios.

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